5- Yo decido? que ingresa a mi interior

Nadie puede ingresar a nuestro interior creencias, religiones, dolores, ni las malas intenciones de los demás, si no lo permitimos.

El hombre toma del exterior lo que quiere tomar y lo deposita dentro de él. Las cosas buenas y las cosas malas, el hombre las toma y las deposita en su corazón, en sus sentimientos, en su mente, en sus recuerdos, en el interior de su ser. Pero nadie puede entrar a afectar para dañar a otra persona, si esta persona no lo acepta, si esta persona no lo ingresa, si no le permite a esa persona ingresarlo dentro de sí.

El hombre siente alegría, tristeza, temor, se siente grande o se siente pequeño, se siente feliz o desgraciado por su propia decisión. A alguien lo pueden estar golpeando, lo pueden estar humillando, escupiendo, sobajando, pero si él decide no sentir eso que los demás quieren que sienta él, no lo va a sentir. Va a mirar al mundo con indiferencia y va a sonreír y va a saber, que quienes lo humillan, quienes lo escupen, quienes lo sobajan, no son más que unos enajenados, que quieren afectar su interior sin lograrlo.

Uno puede sentirse como decide sentirse. Nadie es culpable de nuestros sentimientos, de nuestra tristeza, de nuestro llanto, de nuestro dolor, de nuestra alegría, ni de nuestra euforia. Uno es quien es dueño de sí mismo y de sus sentimientos. Es uno quien los provoca, es uno quien decide sentirse triste, feliz, desgraciado, eufórico, grande o pequeño, o perdido en el camino.

Es uno el que decide, porque es uno quien está dentro de uno, no las circunstancias, no las cosas malas o buenas de los demás. Es uno quien hace que las cosas sean buenas o malas en su interior.

Hay gente que quiere que uno sea feliz o quiere que uno sea desgraciado. Esa gente no puede decidir por uno, la decisión es de uno mismo, por eso yo conmino a cada individuo que quiera renacer en si mismo: A entender, que nosotros, que nuestro pasado, que nuestras tristezas, que nuestras desgracias, que nuestras creencias y que nuestros sufrimientos son parte del pasado. El pasado es muerte, por ello hay que enterrarlo.

Entendamos que nuestros sufrimientos, nuestras desgracias, nuestros dolores, nuestras creencias, nuestro fanatismos, nuestras tristezas, nuestros traumas, nuestros sinsabores, nuestra amargura del pasado ya son muerte. Debemos de enterrarlos, debemos olvidarlo. Nosotros debemos de matar a nuestro ser del pasado, debemos entender que ya está muerto y enterrarlo.

Que triste es ver a la gente con sus creencias, con sus credos, con sus traumas, con sus sus dolores y sus temores cargándolos. Cargando sus cadáveres, cargando su pasado, arrastrándolo, porque no se atreven a sepultarlo. No comprenden que el pasado, sus temores y sus creencias, todo eso cada día que está pasando, es parte del pasado y es nuestro ser que está muriendo, por ello debemos enterrarlo, para ir por mas luz, para ir por el futuro.

Es triste ver a la gente, con sus cadáveres del pasado arrastrándolos y más triste es cuando esos cadáveres reviven para atacar en el presente y provocar sufrimiento. Es triste, porque sus cadáveres reviven y reviven para recordar sus traumas, sus dolores sus tristezas, sus miedos, su ignorancia y sus creencias. Reviven para recordarles que van a morir, que van caminando sin tener camino y sin tener destino. Es patético. Esa gente está condenada a la muerte, porque el cadáver que fueron en el pasado, a cada instante irá matando a su presente, irá alcanzando a su presente y en cualquier presente morirán definitivamente y ya no tendrán otro mañana.

Quien sepa enterrar a su cadáver del pasado, tendrá la luz y tendrá el camino. Tendrá un destino, y la muerte jamás lo alcanzará, porque él enterrará a la muerte y con ella al dolor y a la tristeza, para volver a renacer, con la esperanza y la sabiduría que da la sapiencia de saber enterrar el pasado a cada momento que está quedando atrás. Hay que enterrar al cadáver que es uno con sus sufrimientos, sus traumas y sus dolores. Enterrar ese cadáver e ir hacia delante por el renacimiento, por la luz, por el futuro, por el camino que tiene un destino: El destino seguro que es la gloria y la trascendencia.

Triste y desgraciado el que se queda con su cadáver del pasado, porque cadáver en el presente ya es.

Dichoso y vivo es el que va hacia delante, hacia el futuro, hacia la gloria.

BioUniversal ®

neocismo@gmail.com

 

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